Qué es la innovación?

Primera conferencia ISLAE -Innovation Support in Latin America and Europe

La innovación se ha convertido en un elemento clave para la formulación de políticas en todos los niveles, no sólo a nivel de los organismos gubernamentales e intergubernamentales, sino también en el ámbito de las empresas e instituciones públicas como las universidades. Desafortunadamente, la innovación se puede definir en una variedad infinita de formas y, como tal, puede ser utilizada como término general para describir (y disfrazar) conceptos y procesos complejos que son difíciles de comprender. En esencia, la innovación consiste en aprovechar los conocimientos, aplicándolos de manera práctica. Se supone que hay algo implícitamente novedoso en la innovación, ya sea en el conocimiento en sí mismo o en la forma en que se aplica. A diferencia de una invención, que no necesariamente debe ser aplicada a algo, la innovación debe servir a un propósito. Así, por ejemplo, la rueda en sí misma es un invento, pero utilizarla como medio de transporte es una innovación. Se ha dicho que “la invención convierte el dinero en ideas, mientras que la innovación transforma las ideas en dinero”; en otras palabras, la innovación es sinónimo de comercialización. A pesar de que la aplicación del conocimiento genere claramente un valor añadido, este no tiene que ser necesariamente comercial, ya que puede ser un valor de índole social. De la misma forma, se reconoce cada vez más que la innovación no se refiere sólo a nuevos productos, sino que también está relacionada con el desarrollo de nuevos procesos, nuevas formas de comercialización y comunicación, nuevas estructuras organizacionales, etc. Esta es la razón por la cual la innovación ha devenido importante en muchos y diferentes niveles, lo que lleva a preguntarnos, ¿qué podemos hacer para alentar a las personas y organizaciones a innovar? ¿Cómo podemos enseñar innovación de manera efectiva? Se trata de toda una serie de habilidades que incluye: el espíritu empresarial, la creatividad y la capacidad de identificar problemas, la capacidad de liderazgo y trabajo en equipo, así como también de estrategias, redes y comunicación. Se trata por demás de desarrollo personal, así como la creación de ecosistemas adecuados para fomentar y optimizar la innovación. Se trata de la relación, no sólo entre los gobiernos locales y regionales, las universidades y las empresas (a menudo denominado como la relación triple hélice), sino también con organizaciones de la sociedad civil y redes internacionales.

¿Por qué es importante la innovación en América Latina?

Si la innovación es importante para los países de Europa, es doblemente importante para los países de bajos y medios ingresos, que por demás no tienen fácil acceso a los mercados desarrollados. Muchos de los obstáculos a la innovación en América Latina están en un nivel macroeconómico: las políticas gubernamentales no abordan suficientemente la investigación y la tecnología; como resultado de ello y debido también a los problemas sociales, hay una fuga de cerebros que tiene como consecuencia que los mejores investigadores emigren (principalmente a EE.UU.), así como que exista una pequeña comunidad científica con bajo nivel de publicación y patentes. Sin embargo, lo más significativo es que existe muy poca interacción entre universidades, gobiernos y empresas, así como con la sociedad civil y las redes internacionales. Como resultado, cualquier innovación que se lleva a cabo en la región tiende a centrarse en la adaptación de productos, procesos y servicios ya existentes en las realidades socio-económicas locales, sin una base sólida de conocimientos, lo que significa que la expansión hacia otros mercados más desarrollados es prácticamente imposible. Paradójicamente, en América Latina el nivel de iniciativa empresarial en fase inicial se encuentra entre los más altos del mundo, según de Global Entrepreneurship Monitor. Sin embargo, estas cifras se deben en gran parte al hecho de que en América Latina es bajo el bienestar social para amortiguar el desempleo y la pobreza y, como consecuencia, una gran parte de la iniciativa empresarial que tiene lugar en la región responde más a necesidades coyunturales que a las oportunidades. No obstante, esto pone de relieve una cuestión interesante: si las comunidades en América Latina y los individuos pudiesen estar más al corriente de los procesos de innovación, si las relaciones entre los gobiernos, universidades, empresas y la sociedad civil se tornasen más efectivas y, además, si sus redes deviniesen más internacionalizadas, facilitándose su acceso al conocimiento, los mercados e incluso a la financiación de manera más directa, ese innato espíritu empresarial en la región podría probar ser una fuerza poderosa.

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